Blog de fotografiayverso

Prosa y verso

Prólogo de novela

Escrito por fotografiayverso 07-04-2015 en Prosa y verso. Comentarios (0)

PRÓLOGO

Alicante, 18 de Julio de 1936

  Querido Federico, espero que estas letras que te escribo lleguen a tiempo para evitar una gran desgracia. Abandona Granada, ya nadie está seguro. El gobierno de la República tiene los días contados y tu vida peligra. Ciertos amigos tuyos me insisten que te pida, incluso que te suplique, que salgas de España cuanto antes. ¿Por qué no te exiliaste en Méjico o en Colombia? Allí estarías a salvo de todo lo que va  a acontecer en breve. Márchate, Federico. Aquí no hay cabida para tus pensamientos. Escucha a quien te escribe desde su cautiverio. Temo por tu vida tanto como por la mía.

Siempre tu amigo, José Antonio.

  Pocos recuerdos llevo de aquellos días conmigo, una carta que llegó tarde a la casa de mi amigo Luís Rosales en Granada y las palabras de Rafael Martínez, como otros bien queridos, solicitando que permaneciera en Madrid ante la tensión política que sufríamos. Tonto de mí que deseaba ver mi tierra, sus gentes, las calles donde comencé mis estudios y mis tertulias en el café Alameda. Ya de allí me queda mi infancia, mi adolescencia, entre libros y música, mis años en Madrid con tantos amigos y, al final, mi huida.

  Nunca bastaron mis declaraciones como ciudadano español y no político para que me señalaran y me tacharan de exaltado izquierdista e incluso de espía ruso por parte de ciertas personas de la ciudad ante el gobernador civil Don José Valdés. Tales fueron que decidieron prenderme un dieciséis de Agosto. Allí se presentó la Guardia Civil con órdenes y caras de pocos amigos. Peores caras se llevaron al ver que no me hallaba en casa de mi querido Luisito. Esa misma madrugada, bien entrada la noche, con un reducido equipaje partí a Motril para marchar, en un barco pesquero, hacia Francia. Con disgusto me despertaron y con mayor disgusto me subí a ese barquito con el que faenaba Manuel Jódar, Manolillo me insistía que lo llamara, en el que durante las noches me hice libre de las sombras donde me ocultaba cada día entre aparejos y redes. Aun llevo en mí el paso por Alicante y cómo Manolillo me señalaba su prisión para darle mi último adiós a José Antonio, con quien cenaba cada viernes en Madrid, él, fundador de La Falange, y yo, un artista, quién lo diría. Unos días más tarde hicimos escala en Cadaqués, exactamente en Port Lligat, en casa de Salvador. Allí pudimos alimentarnos con algo más que pescado seco y pan duro, un buen baño y ropa limpia. Ése fue el último día que vi a Manuel Jódar, no esperó para despedirse. Dijo que cuanto antes volviese más creíble sería su historia.

  De Cadaqués a París fue, prácticamente, un paseo. Ya no estaba en busca y captura, volvía a ser un ciudadano de la República, aunque por poco tiempo. En París me hospedé en casa de unos parientes, nietos de mi tío-abuelo Federico, que fue un famoso guitarrista e hizo vida y familia en Francia. Allí quedé unos días más esperando noticias de mis amigos y familia en Granada. Me dediqué a lentos paseos y a contemplar los árboles, insectos y animales, como en mi niñez. Recibí un paquete con algunas pertenencias, dinero y una carta de mi madre que aun no me atrevo a leer.

  Mi última etapa europea fue Londres, el lluvioso y húmedo Londres. ¿Mi mejor cómplice? Herbert G. Wells, presidente del Pen Club, el cual se interesó por mí tanto que incluso envió una carta a las autoridades militares de Granada solicitando noticias de mi persona y cuya respuesta fue un irónico Ignoro lugar háyase D. Federico G. L.” por parte del coronel Espinosa. Una mañana me miré al espejo y empecé a reírme con gran estrépito. Ya no reconocía mi rostro y empecé a recitar uno de mis poemas.

 

  Asesinado por el cielo,

  entre las formas que van hacia la sierpe

  y las formas que buscan el cristal,

  dejaré crecer mis cabellos.

  …/…

  Tropezando con mi rostro distinto de cada día.

  ¡Asesinado por el cielo!

  Ya no era el rostro que sonreía entre amigos en la residencia, sólo quedaba la mirada íntima y recelosa que nunca compartía. Un poco más delgado y con otro peinado. Me quedé observándome detenidamente y decidí que ya era el momento de dar el paso a mi definitivo exilio, borrando mi nombre y crear una nueva vida. 


Mariposa

Escrito por fotografiayverso 07-04-2015 en Prosa y verso. Comentarios (0)

Crisálida mecida al viento,

otrora hogar larvario,

que, cuan ámbar quebrado,

has liberado la belleza púrpura,

que con su canto rompe el silencio,

mortecino cuan osario,

o de una noche del cielo estrellado.

Te elevas con el aroma de la cúrcuma

retornándome a momentos de ensueño

de una infancia añorada a diario

y perdida en un rincón olvidado.

Sé que sólo yo tengo la culpa

de no haber disfrutado este cuento,

de enfermar de amores varios

y de haberlos mortalmente callado.

Guardo sonrisas, miradas y gestos a cientos.

Los guardo y los callo, ese es mi calvario

y, así, arrastro mi alma de enamorado.


Título

Escrito por fotografiayverso 07-04-2015 en Prosa y verso. Comentarios (0)


Ángel caído

Escrito por fotografiayverso 07-04-2015 en Prosa y verso. Comentarios (0)

¿Puede un ángel caído volver a levantar el vuelo? ¿O solo puede alzar la cabeza y añorar ese lugar donde pertenecía? En el momento que se sintió desplazado, en el instante que descubrió que todo lo que queda es un tenue brillo del recuerdo de todo aquello que llegó a ser, perdido en el espejismo, más que reflejo, de su triste imagen retratada en una fotografía ya ajada, ya no sabe si su futuro será su condena, vagando solitario como un ángel oscuro, nocturno, buscando su redención y sin saber que él es su propio redentor. Aunque no se puede recuperar el tiempo pasado, solo pide poder sonreír, aunque sea tímidamente, cuando eche la vista atrás, a volver a tener un brillo en su mirada y que no sea por una lágrima y, si ella se asoma, que al menos sea de felicidad. Ya solo se conforma con una mano extendida hacia él, que le ayude a levantarse y poder ser uno más como el resto de los mortales y, quien sabe, poder encontrar un poco de calor en un pequeño rincón de un hermoso corazón. Pero antes tiene que saber levantar la mirada del suelo para encontrar unos ojos y descubrir en ellos un futuro que podrá recibir siempre que pueda vencer al miedo que su timidez y la incertidumbre esgrimen con habilidad para dejarlo en compañía de su soledad; esa que le acaricia mientras se abraza a su almohada mientras se ve en la tenue penumbra que el cálido sol provoca en pugna con la densa cortina esperando a la noche, deseando que sea ésta la luna que le descargue de una vez de sus pesares y que sus labios dibujen una sonrisa que no parezca una herida abierta ni una vana llamada de socorro lanzada a ninguna parte, donde nadie podrá recogerla, donde nadie está para ignorarla; allí se quedará perdida, abandonada como los sentimientos que alguna vez se alzaron para intentar a volver a volar, como ese ángel, nocturno, oscuro… caído que, aunque extienda sus brazos al cielo, no podrá ser quien  un día fue.


(2010)