Blog de fotografiayverso

Prosa y verso

Título

Escrito por fotografiayverso 08-04-2015 en Prosa y verso. Comentarios (0)

Madre, no llores
la ausencia eterna
de tu amado hijo.
Desgarra tu pecho
clamando justicia
por las madres 
que nunca podrán llorar.
Madre, que sea tu sangre
las lágrimas no vertidas
por los mudos hombres
que de ti me alejan
hacia el castigo
de un descanso nunca deseado.
Madre, mi nombre
no se hará verbo
en tus labios tiernos de miel.
Será la vergüenza 
de todos aquellos que callaron
y que su mirada
no pueden alzar.
Míralos, madre, son cobardes.
Señálalos con tu dedo
y que recuerden por siempre
a la madre de quien ha muerto.

El Harlem grita

Escrito por fotografiayverso 08-04-2015 en Prosa y verso. Comentarios (0)

¡Grita, muchacho, grita!

De tu llanto, 

de tu dolor,

mi verso sangra.

Contemplo las lunas 

de tu rostro,

se mezclan en ellas

el miedo y la ira.

¡Grita, muchacho, grita!

Yo seré tu voz

mientras te ahogas

bajo tu sudor

entre tanto acero y asfalto.

Nueva York

Escrito por fotografiayverso 08-04-2015 en Prosa y verso. Comentarios (0)

Sudor de brea

que alimentas esta ciudad,

carne profunda, piel misteriosa.

Tu mirada produce temor en la ignorancia.

Animal salvaje que tensas

tu lustrosa desnudez de ébano,

eres la sangre que corre

por las emergentes calles que habitas.

Ven en esta oscura noche

y alimenta tu carne.

Deja que tu alma grite

que jamás será quebrada.

A Lorca

Escrito por fotografiayverso 08-04-2015 en Prosa y verso. Comentarios (0)

Aquí, mi tierra granadina,

allá, San Vicente y su huerta,

sus hermosos y frescos nogales.

Allí llora mi madre, Vicenta.


Ante mí una fosa en la tierra

cubierta con un manto verde

donde el Camborio e Ignacio me velan.


Campos de mi Granada

de alpujarras y vegas,

de la Alhambra y el Generalife,

y de los dos ríos que te riegan.


A ti vuelvo, tierra de moros y judíos.

A ti vuelvo, Granada de verso, Granada guerrera.

Podría

Escrito por fotografiayverso 08-04-2015 en Prosa y verso. Comentarios (0)

Podría haber perdido

una gota de sangre

por cada vez que te confesé

mis sentimientos

y ni con mil vidas desangradas

te habría sido suficiente.

Podría haber cedido,

por culpa del hambre

de los besos que deseé,

a tus tonterías y a tus cuentos,

pero ni tus caricias regaladas

hacen que te recuerde.

Podría haber escrito

como si fuese una costumbre

todas las veces que te amé

volcadas en miles de versos,

los que vertí en mi almohada,

siendo ellos mi vida y yo su muerte.